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miércoles, 9 de mayo de 2012

La hipoteca Coca-cola

En los tiempos que corren, se impone el discurso de que esta crisis la hemos provocado entre todos, que todos tenemos la culpa por haber estirado más el brazo que la manga y porque todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

Reconozco que me apunté pronto a este discurso, sobre todo, cuando llegó el momento de hipotecarme. Hice cuatro números y como no me cuadraron las cuentas, decidí vivir de alquiler. Entonces me decían que estaba tirando el dinero, los mismos que podían comprarse un estupendo dúplex soleado de 120 m2, con terraza, parking y trastero. He disfrutado de las vacaciones que me he podido pagar, sin grandes pretensiones ni safaris exóticos en la otra punta del mundo. No me compré un televisor de plasma de 50 pulgadas para el salón ni otro de 40 para el dormitorio. Justo lo necesario para adaptarme a la era digital, incluso aprovechando mi viejo combo de tubo acoplado a un decodificador TDT (tal vez tenga que replantear el despilfarro energético de mi instalación). Puedo permitirme los gastos de mi coche (intento ir caminando al trabajo por la libertad que me da el paseo, pero eso es otra historia y no tiene nada que ver con la crisis). No tengo grandes gastos telefónicos, ni tengo un SmartPhone último modelo (pronto caerá uno, que remedio… el mío de botones no tiene guasap y ya no me llaman los amigos del pádel) y así con todo, sin quejas, porque he podido hacer lo que he querido cuando he querido y disfrutar de ello.

Ahora mi amigo, el del dúplex, se ha quedado sin trabajo y como todo el sueldo de su mujer y parte del suyo, lo gastaban en la hipoteca, no puede hacer frente a los gastos y ha reclamado a su banquero la dación en pago. El amable chico de la oficina, le ha enseñado el contrato, con letra pequeña y todo, esa que el notario se olvidó de leer y resulta que sus padres avalaron el préstamo, así que, o paga lo que debe, o el banco se queda con su casa y la de sus padres. Mi amigo se siente estafado por el banco y está “indignado” con políticos y banqueros, pero el chico de la oficina, que ya no parece tan amable, le he dicho que él no tiene la culpa de su ignorancia financiera.

Pues la historia de mi amigo, me ha hecho reflexionar y me he dado cuenta de que yo no he tenido nada que ver con esta crisis y, sin embargo, la estoy pagando cada día. Mi sueldo no sube en proporción al IPC, aunque mi alquiler si lo hace y como al dueño del piso le han subido el IBI, también me lo aplica en proporción. Me han subido el IVA, tengo que pagar más de un 7% por el mismo consumo de luz y agua, mi Ayuntamiento se ha inventado una tasa por la recogida de basuras y el combustible del coche ahora me cuesta un 12% más (céntimo sanitario incluido). Así que realmente, ahora tengo un 10% menos de ingresos netos, pero no me puedo quejar, soy un privilegiado si me comparo con mi amigo.

Claro, mi amigo, el ignorante financiero, el culpable de la crisis, el que ha vivido por encima de sus posibilidades…  ¿Sí? ¿Seguro? Pues ahora creo que a mi amigo le vendieron una hipoteca Coca-cola y no por pegajosa, si no porque no hay quien entienda su composición y porque también tiene una fórmula secreta para calcular el EURIBOR.


Será porque la Coca-Cola es un producto cotidiano de hoy en día, pero nadie espera que me convierta en licenciado químico para entender si esas misteriosas E-’s, acabaran con mi vida de una forma más o menos rápida. Todos entendemos que de nuestros impuestos, una parte se dediquen a velar por nuestra salud. Si me intoxico con una Coca-Cola, ¿alguien podría culparme de mis escasos conocimientos químicos? Entonces, ¿porqué hemos aceptado que todos debemos ser expertos financieros y entender lo que significa eso de los Swaps, los Clips, los derivados, los futuros o los Warrants?. Ingredientes que forman parte de la fórmula financiera que le propuso el chico de la oficina a mi amigo y que, seguramente, tampoco sabía que ese cóctel era altamente explosivo. Por eso sus jefes, decidieron presentarlo en forma de un seguro muy ventajoso para clientes preferentes, con nombres tan amables como cuota segura, contrato de cobertura o cobertura de tipos (recomiendo que vuelvas a leer el contrato que firmaste en la última revisión de la hipoteca).

 
Si entendemos el ejemplo, es momento de señalar al responsable y no me refiero a mi amigo, si no al gobernador del Banco de España, D. Miguel Fernández Ordóñez, en el cargo desde julio de 2006, que, además de emitir billetes y estadísticas, tiene la función de supervisar el buen funcionamiento financiero para que nadie me cuele una receta financiera llena de productos tóxicos. Sin embargo, se dedicó a reclamar la reforma de las pensiones o la reforma laboral entre otras cosas que, claramente, no eran temas de su competencia.

Estoy dispuesto a pagar la parte de crisis que me corresponda, pero antes, quiero que los responsables admitan sus errores y participen de los sacrificios, porque otra cosa me parece una tomadura de pelo tapada con cortinas de humo para mantenernos distraídos, pero cuidado, que la paciencia tiene un límite, la Liga esta terminando y se acerca el 15-M.


Y ahora, ¿prefieres el agua o la Coca-cola? Para leer sobre algunos mitos de la Coca-cola pincha aquí.


Nota: aunque esta historia podría ser cierta, cualquier parecido con mi realidad personal es pura coincidencia. Es sólo una ficción para reflexionar, para nada biográfica.


lunes, 9 de mayo de 2011

La crisis la provocó mi vecino

Una de las características de nuestra cultura latina, es la de estar más pendiente de lo que le pasa a nuestro vecino que de lo que pasa en nuestra propia casa. Es algo que puede parecer un simple gesto de voyeurismo social o incluso formar parte de nuestra fastidiosa envidia, pero si lo analizamos un poco más, veremos que esta conducta es la que realmente nos ha llevado a la crisis económica actual.

Primero deberíamos reflexionar sobre porque es más importante el coche que tengo aparcado en la puerta que lo que soy como persona. No tengo nada en contra de los coches, a mi me gustan mucho, sobre todo el mío, pero pongo el coche como icono de estatus social. Así que si mi vecino se ha comprado un coche con 16 válvulas, yo me voy a comprar uno con 24 y si mi vecino se ha comprado un coche con techo solar, yo me lo voy a comprar descapotable y si me vecino se ha tenido que endeudar hasta las cejas para pagar su nuevo coche, yo no voy a ser menos y me voy a endeudar hasta las orejas.

Ahora como ya no tengo suficiente con tener mejor coche que mi vecino, lo que voy a hacer es comparar mi casa con la suya. Resulta que el tiene una plaza de parking, así que me voy a comprar una plaza de parking y un trastero para guardar el fantástico porta esquíes que me regalaron al comprar mi descapotable con techo de lona... Además, me he fijado que ha acristalado media terraza para no pasar frío en invierno. Yo voy a hacer lo mismo y a ver quien se atreve a quejarse. También voy a comprarme una televisión de plasma de 45’’, porque el otro día estuve es su casa viendo el fútbol y se veía muy bien en su moderno televisor de 42’’… y no sigo porque creo que ya se entiende la idea.

El caso es que ahora con la crisis, mis ingresos han disminuido y me cuesta mucho pagar a final de mes todo lo que me pide el banco. Ahora estoy un poco enfadado con el banco, porque me exige que le devuelva el dinero y, además, a un interés más alto por no se que cláusula de no se que del EURIBOR. También estoy un poco enfadado con ese tal señor Mercado, que se ha dedicado a especular con no se que y me ha provocado una crisis.

Bueno, pues ahora que ya hemos visto lo que me ha pasado a nivel personal, vamos a ver que ha pasado en mi municipio. Porque resulta que en mi pueblo han puesto una piscina y todos mis vecinos están muy contentos. Yo les he preguntado si no se dan cuenta de que eso es un lujo y me ha contestado que no hay ningún municipio de 10.000 habitantes que no tenga piscina. Claro, lo de siempre. Como el pueblo de al lado tiene piscina, nosotros también queremos piscina. Y si el pueblo de al lado tiene piscina cubierta, nosotros queremos piscina cubierta. Y si el pueblo de al lado se ha endeudado hasta las cejas, pues nosotros nos hemos endeudado hasta las orejas y todo por culpa del señor Mercado.

¿Y que ha pasado en mi comunidad autónoma? Pues como unos pidieron las transferencias en educación y sanidad, los otros no iban a ser menos, y así fuimos mirando lo que tenía la comunidad de al lado para pedir lo mismo, porque yo no voy a ser menos y si unos tiene AVE y un aeropuerto nuevo, para el desarrollo económico de mi comunidad también es imprescindible tener un tren de alta velocidad y un aeropuerto nuevo, así que la comunidad de al lado se ha endeudado hasta las cejas y la mía se ha endeudado hasta las orejas y otra vez por culpa del maldito señor Mercado, que además ahora viene y se presenta con su mujer, la señora Recorte.

(En el programa Polónia de TV3, se puede ver un gag que representa muy gráficamente lo cómico y absurdo de algunas reivindicaciones: http://www.tv3.cat/videos/3377090)

Esto es sólo una muestra de lo que pasa cuando uno está más distraído con lo que le pasa a su vecino, que con lo que pasa dentro de su casa y esto es aplicable a nuestro entorno, tanto si somos estudiantes como en nuestro puesto de trabajo. Fíjate un poco y verás… La pregunta es muy simple: ¿algo de lo que te has comprado, ha hecho que hoy seas un poco más feliz que hace un mes? Ahora que te llega el agua al cuello, has tenido que desprenderte de lo imprescindible, pero antes de enfadarte con el señor Mercado, pregúntate si ese señor no eres tú. ¿Habremos aprendido la lección? Esperemos que la señora Recorte, sea más piadosa…